Sin disfraces

Desprenderse de la ropa en un lugar donde todo el mundo está desnudo no podría considerarse un acto erótico. Existen playas, campings e incluso hoteles nudistas que se centran en la sencillez, la liberación del incómodo yugo del ropaje y el acercamiento a nuestro yo natural, más que en el erotismo del cuerpo desnudo en sí. No obstante, cuando hay una sola persona tal como vino al mundo mientras la gente de su alrededor permanece vestida, se crea un ambiente incómodo cargado de provocación y sensualidad.

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“Autorretrato” de Helmut Newton

El descubrimiento del cuerpo humano ha sido tema relevante en la Historia del Arte. Desde siempre el erotismo, la sexualidad y la carnalidad han estado presentes en el arte de diversas formas. Desde la pintura del siglo XVI con la Venus de Urbino (1538) de Tiziano hasta las fotografías de desnudos de Albert Watson y Helmut Newton reflejando la sensualidad del cuerpo femenino, que se retuerce para liberarse de las cadenas que le oprimen. Estos fotógrafos muestran una mujer segura, poderosa que no se avergüenza de su cuerpo y que lo muestra sin pudor.

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Venus de Urbino (1538) de Tiziano
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Helmut Newton para Vogue Studio, 1981

Aunque antes de ahondar en el mundo de las artes, me gustaría reflexionar sobre la idea planteada al principio: cuando hay un grupo de personas desnudas se crea un ambiente de igualdad natural en el que se acepta la desnudez, pero en un grupo en el que solo hay una o pocas personas desnudas se crea un desequilibrio. ¿Y qué ocurre si solo se desnuda un género?

Este pasado 31 de enero de 2017 salió a la luz una noticia que decía que tres mujeres que hacían topless habían sido expulsadas de una playa en Argentina. Los agentes que fueron a detenerlas por exhibicionismo las amenazaron de llevarlas presas si no se tapaban de inmediato. Las muchachas trataban de defenderse argumentando: “Exhibicionismo es cuando un chico baja a la calle, te acosa y te muestra la pija”, “todo el mundo tiene tetas”, “son tetas como las que te dieron de comer cuando eras chico”, etc. Después un hombre aparece gritándoles que se tapen y ellas contestan: “tú también estás enseñando las tetas” a lo que éste responde que no es lo mismo.

¿Desde cuándo los pechos de los hombres se diferencian de los de las mujeres? ¿Por qué ellos tienen más derecho a mostrarlos que las mujeres? Esta forma de pensar viene desde hace tiempo, desde el momento en que admitimos que el cuerpo de la mujer es un objeto de contemplación que debe ser admirado por el hombre. Ya lo decía John Berger en su ensayo Modos de ver: “Las mujeres son representadas de un modo completamente distinto a los hombres, y no porque lo femenino sea diferente de lo masculino, sino porque siempre se supone que el espectador ‛’ideal‛’ es varón y la imagen de la mujer está destinada a adularle”. Berger, como crítico de arte, explica la evolución del desnudo a lo largo de la Historia del Arte. Compara la representación del cuerpo de la mujer y la del hombre, mostrando con ejemplos que la mujer se ha representado siempre como un objeto de sensualidad que busca complacer al hombre visualmente.

No somos iguales en la forma en la que somos tratados. Ser hombre en presencia no es lo mismo que ser mujer en presencia. El rol de los hombres es de encarnar grandeza y poder. Buscan tener un papel relevante en todo lo que hacen y de esa forma alcanzar cierto estatus y respeto ante los demás. La presencia de un hombre sugiere lo que es capaz de hacer para ti o de hacerte a ti. El objetivo del hombre es siempre exterior a él mismo. Su pretensión se orienta siempre hacia un poder que ejerce sobre otros. En cambio, la presencia de una mujer se define en sus gestos, su voz, sus expresiones, sus prendas, su olor, sus hobbies, sus compañías; en realidad todo lo que ella hace es una aportación a su presencia y a lo que ella es como persona. La mujer tiene que estar pendiente de su actitud hacia sí misma, y esto define lo que se le puede o no hacer.

En definitiva, nacer mujer ha sido nacer para ser mantenida por los hombres. Desde pequeña se le ha enseñado a examinarse continuamente. Su vida gira en torno a la imagen que tiene de sí misma. La mujer tiene que estar pendiente de todo lo que es y lo que hace porque el modo en que se muestre ante los demás (ante los hombres) determinará lo que se considera para ella éxito en la vida. En lugar de ser ella misma dándole sentido a su propia vida, lo que hace es dar sentido a su vida solo al ser apreciada por otros. Los hombres examinan a las mujeres antes de tratarlas. Y el aspecto o apariencia que tiene la mujer para un hombre puede determinar el modo en que éste la trate. Si aplicamos esta forma de pensar al arte, el desnudo femenino ha inspirado, embelesado y enrabietado según con quien se encontrara en frente…

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“Adán y Eva” de Alberto Durero

En los desnudos europeos encontramos algunos de los criterios y convenciones que han llevado a ver y juzgar a las mujeres como visiones. Los primeros desnudos representaban a Adán y Eva y conviene recordar la historia que relata el Génesis cuando por culpa de haber comido la manzana, Adán como Eva cobran conciencia de su desnudez porque se ven el uno al otro de manera distinta. La desnudez nació en la mente del espectador.

Y nosotros como espectadores ¿por qué deberíamos privarnos de admirarlo? Si el cuerpo humano es una de las mayores obras de arte existentes. Estar desnudo se ha convertido en un tema tabú en la sociedad actual. El cuerpo humano se ha sexualizado, sobre todo afectando a las mujeres y oprimiéndolas a vivir su cuerpo con libertad sin que eso lleve a entender que está prestando su cuerpo para complacer al hombre. La sensualidad, la piel, los vellos del propio cuerpo, la mirada desafiante y osada de estar satisfecho con la propia corporalidad deberían verse como una maravilla y qué mejor forma de apreciarlo si no es como una forma de arte.

En lo que a pintura se refiere los desnudos se muestran como cuerpos de tez blanca como la nieve y adoptando posiciones relajadas y curvas, son como ángeles recién caídos del cielo. Si tuviera que decir un desnudo me quedo con El sueño de Gustav Courbet, en él aparecen dos joven desnudas que yacen abrazadas con los ojos cerrados. Ambas cansadas reposan en la cama y se dejan envolver por esa calma que suele llegar tras el frenesí sexual.

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“El sueño” de Gustav Courbet

En cambio, en la fotografía los desnudos se muestran de una forma más directa, se aprecia con claridad los detalles y taras que pudiera tener el cuerpo. Además se juega mucho con las luces y la posición anatómica de los cuerpos para crear una estética singular. Uno de mis favoritos es Lucien Clergue que muestra el cuerpo de la mujer con toda su naturalidad con los vellos sobresaliendo de su pubis y axilas; muestra a la mujer como una sirena que recién sale del mar.

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Portfolio “Nudes” de Lucien Clergue
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Portfolio “Nudes” de Lucien Clergue

También quiero mencionar a Howard Schatz, un fotógrafo americano cuyas fotografías se exhiben en museos y galerías a nivel internacional. También ha recibido la aclamación internacional por su trabajo. Sus desnudos muestran cuerpos de todas las formas y tamaños, de todos los colores y sexos. Lo relevante en sus fotografías es la exaltación de la voluptuosidad y musculosidad del cuerpo humano, cobrando formas armoniosas en el ojo receptor.

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“Human Body 4” de Howard Schatz

Es fascinante ver lo inalcanzable que es la belleza del cuerpo, que el ser humano solo podrá limitarse a representarlo en sus distintas formas artísticas: pintura, escultura, fotografía, etc. Solo podrá recrearlo, mostrar un reflejo de su belleza e incluso ensalzarlo, pero jamás crearlo en su total perfección.

El problema presente es que el desnudo (visto con los ojos de la sociedad) está condenado a no alcanzar nunca la desnudez porque lo hemos convertido en una forma más de vestido. No debería ser así. Vivir nuestro cuerpo y que esté en contacto con lo que nos rodea nos libera y nos hace conectar con nosotros mismos. Tocarnos, acariciarnos, masajearnos, besarnos, contemplar y disfrutar de nuestra pureza. Estar desnudo es conectar con lo que somos, con nuestra naturaleza. Estar desnudo es ser uno mismo. Estar desnudo es estar sin disfraces.

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