¿Somos cerdos realmente?

Un grupo de muchachos disfruta de una tarde de deporte y diversión en un campo de fútbol. Quizá antes hubo una gran tormenta que inundó el terreno dejándolo hecho una pocilga… Nunca lo sabremos. El caso es que sus rodillas, manos y rostro están hechos un asco. Como cerdos. Lodo entre las orejas y tufo a sudor. Su campo se ha convertido en la charca de barro perfecta donde poder revolcarse. Como pigs. No había ganas de quedarse en casa y por eso, el mejor plan era jugar dando zancadas tras el balón embarrándose de pies a cabeza. Como cerdos.

The Pigs - Book

Cochino, marrano, puerco, gorrino, cerdo. Muchas son las formas en castellano que hacen mención a este animal de granja, pero solo una en el lenguaje anglosajón: PIG (cerdo). Así es como el famoso periódico británico Financial Times le quiso llamar al grupo de  países europeos cuya situación económica y política no era precisamente boyante: Portugal, Italia, Grecia y España. Creando con sus letras iniciales el término PIGS (cerdos). Termino recurrente en diversas revistas y periódicos económicos refiriéndose largo tiempo a estos cuatro países.

Un día, leyendo The Economist, Carlos Spottorno se encontró con el término pigs y se hizo la siguiente pregunta: ¿Somos cerdos realmente? No se fio mucho de todo lo que decía la prensa extranjera y decidió averiguarlo por sí mismo. Este fotógrafo madrileño se cuestionó una realidad problemática que afectaba a su país (España) y a otros tres países (Portugal, Italia y Grecia) que pudo visitar en tres ocasiones cada uno.

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He intentado ilustrar los tópicos a los que hace referencia el término PIGS. Es la imagen que The Economist ofrece de estos países si hubiese decidido mostrar sus artículos solo con fotos. Es lo que veríamos si tradujéramos en imágenes lo que dice la prensa financiera anglosajona”, indica Spottorno. Es The Pigs un proyecto que trabaja puramente la fotografía documental. Una obra sin filtros que busca ser fiel a la cruda realidad que viven esos países según la prensa británica. No esconde la fealdad de lo urbano, lo sucio de las calles, el desorden y el caos de los espacios tanto abiertos como cerrados.

The Pigs solo incluye un texto de introducción elaborado por Carlos Spottorno (en inglés y español) y ahí explica que no se trata de una obra estética que llama a visitar esos lugares sino que es un retrato de la descarnada realidad, de rincones que muchos de los habitantes nativos se niegan a ver porque tienen a su propio país idealizado. Es una reflexión filosófica en imágenes de la crisis financiera, de la gestión política decepcionante, la corrupción… The Pigs provoca en todo aquel que lo ve una crisis existencial que hace cuestionarse la misma pregunta que Spottorno se hizo al principio del todo: ¿Somos cerdos realmente?

Este fotógrafo quiere mostrar los distintos problemas que aquejan a las distintas sociedades de los Pigs. Considera que la visión que tiene cada habitante de su país es demasiado optimista. Cree que tener autoestima es algo positivo, pero si es en exceso puede distorsionar la realidad y acabar con una demasía de indulgencia. Su proyecto también le hace plantearse cómo estos cuatro países han llegado a este estado de penuria después de haber pasado por siglos de esplendor.

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En The Pigs, el único modo de saber a qué país pertenece esa imagen es siguiendo un orden silencioso que se construye con la sucesión de la sigla PIGS. La primera foto es de Portugal, la segunda de Italia, la tercera de Grecia, la cuarta de España, la quinta de Portugal de nuevo… y así hasta el final de la revista. Spottorno escogió 53 fotos de esos cinco años de aventura entre los rincones más pigs de esos cuatro países. Cada foto se luce por su honesta realidad y no está acompañada de ningún pie de foto. Cada una quiere hacer ver la crudeza de cómo nos ven los que nos llaman PIGS y por qué. Como dice Spottorno: “Es ver con ojos distintos lo que ves todos los días”.

Las instantáneas han sido tomadas a pleno sol, el más bochornoso y brillante posible. El fotógrafo madrileño escogió la hora donde el sol se muestra más agresivo, las 12 del mediodía. Esa luz es característica de los PIGS. Los países extranjeros los consideran lugares donde siempre hay sol y hace calor. Sin duda, Spottorno acierta en reflejar en muchas de sus imágenes el sol fulgurante.

A lo largo de su obra, respeta la naturaleza de las imágenes no las altera ni modifica, las deja en su estado natural. Spottorno no quiere maquillar la realidad, no quiere ponerse en contra de los países que “insultan” a los Pigs con esas siglas, ni a favor de los afectados para defenderlos. El fotógrafo quiere llegar a un consenso: donde los países anglosajones no han sido correctos al atribuirles ese apodo y en el que los Pigs y los ciudadanos de los mismos no ven la situación en la que se encuentran porque ya están acostumbrados y es por esa misma razón que los llaman así.

No se trata de imágenes aisladas sino que cada una cuenta una historia y una situación que inquieta al autor. Todas ellas tienen algo que contar, la historia real de los PIGS de la que se avergüenzan y que no quieren mostrar al exterior. Se niegan a reconocerlo. Este proyecto no es una crítica ni una reivindicación, ni una sátira. Es una especie de constatación. Es la mirada perpleja e impotente que observa el telón de fondo de nuestras vidas. Un telón de fondo muy ajado y al que nos hemos acostumbrado, pero que sigue pareciéndole extraño al que nos visita.

Resulta irónico, incluso amargo que los alemanes e ingleses sean los primeros que vengan a los PIGS a pasar los mejores días de su vida: sus vacaciones y jubilación. Los mismos que acusan al sur de su sopor son los que buscan el calor mediterráneo a toda costa frente al mar sentados en una tumbona.

Sí. Es a lugares paradisíacos a donde todos quieren ir alguna vez. Pero como en todas partes, siempre hay dos caras. La buena que todos queremos mostrar al mundo y la mala que buscamos esconder y aparentar que no existe. Spottorno escogió la vía menos cómoda pero más aventurera. Dando a conocer al mundo una reflexión en la que quizá todos estemos “encantados” con lo que simplemente damos por sentado como el orden natural de las cosas, cómo son las cosas en nuestro país. Y muchas de nuestras ideas y formas de vida han sido formadas o nos han sido impuestas, y las circunstancias nos han condicionado. España se quedó rezagada por la guerra civil y la etapa franquista, mientras el resto de países avanzaba por su cuenta. Por eso, los países anglosajones piensan que España va por detrás que el resto y que depende económicamente de ellos. Los PIGS siempre se dedicaron a pedir auxilio para poder resurgir.

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Spottorno en The Pigs, muestra a un hombre que duerme la siesta tumbado en el suelo, está descalzo. Y la forma en la que acomoda la cabeza en la pared es de lo más “envidiable” y “confortable”. En otra imagen, una vaca pasea desorientada por las calles de una ciudad fantasma extraviada de la humanidad. No hay un alma. Es la nueva zona dormitorio de Jerez que ha invadido las zonas del campo donde pastaban los animales. Esta foto demuestra claramente todos los errores cometidos en España en los últimos años. Y a raíz de ello, han surgido casas inhabitadas que nadie quiere y créditos altísimos. En medio de todo, una vaca se revela contra todo eso, quiere recuperar su campo en el que hace un tiempo pudo pastar plácidamente.

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Ahora, la pregunta ya no es si somos cerdos realmente, sino ¿estamos haciendo las cosas bien realmente? Spottorno empezó a pensar en la parte de verdad que encerraban los artículos que publicaba la prensa extranjera y por esa razón decidió “fotografiar todas esas cosas que me enfadaban tanto”, reconoce el autor. Entre ellas, grandes moles grises en primera línea de playa, edificios cuyas fachadas tuvieron que ser graffiteadas  en vez de pintadas, mercados ambulantes con trastos caídos por el suelo, tiendas de carne y pescado que se exponen a la intemperie, fábricas y vertederos de neumáticos que contrastan con la naturaleza, calles sucias y gente sentada en el suelo… Todas hablan por sí solas, se trata de mostrar el problema cultural existente. The Pigs no es un trabajo periodístico, sino interpretativo. Deja al espectador interpretar qué está queriendo decir el autor con esa foto en concreto.

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No hay mucho más que descifrar. Todo está dicho. Como cerdos. Así es como vivimos, la plebe del siglo XXI que pide no pagar más porque no puede; donde lo mejor es conformarse con lo que se tiene y no hacer nada. Las actitudes estructurales de los pigs les están jugando una mala pasada. Pero eso, sobre todo, se debe a la ignorancia. Es una cuestión de cultura, o de falta de cultura. Y es así como The Pigs denuncia la falta de conciencia medioambiental, nos devuelve una imagen que huele a rancio, a desarrollo mal entendido, a falta de sentido común. Nos invita a todos los bochornos de una época en la que para ser feliz no hacía falta tener dinero. Solo bastaba con pedir un crédito.

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