Kafka entre el sueño y la vigilia

Como Stephen King dijo alguna vez: “La ficción es la verdad dentro de la mentira”. No le faltaba razón. Las historias más reales son las que cuentan con un toque ficticio, y sin éste no tendrían ningún sentido. La vida real sin ficción no sería plena. Y es así como uno se siente: entre el sueño y la vigilia, entre la ficción y la realidad, cuando tiene entre sus manos el fotolibro Proyecto K del fotógrafo Paco Gómez. Una investigación histórica profunda y al mismo tiempo ficticia, en la que ha conseguido descifrar las pistas y seguir las huellas de un hombre que cambió (sin saberlo) el siglo XX: Franz Kafka.

En Proyecto K, Paco Gómez ahonda en la figura del escritor polaco mezclando ficción y realidad, fotografía y relato. Creando en el lector un síntoma de no discernir entre lo puro real y lo inventado por Gómez. Este fotógrafo madrileño adicto a lo que se puede desentrañar la fotografía, consigue crear en esta narración  una historia a través de fotografías, dibujos y fragmentos de relatos de Kafka que dan una dimensión peculiar a la trama. “En Proyecto K parto de la realidad para construir una ficción”, afirma Gómez, quien reconoce en la imagen fotográfica y en las ilustraciones (hechas por el mismo Kafka), una nueva formar de narrar una historia.

Gómez no se considera un escritor ni mucho menos, solo un fotógrafo al que le gusta documentarse y rescatar vestigios visuales del pasado que den un sentido a la historia que quiere narrar. Gómez hizo una ingente labor de investigación para que saliera a la luz esta reliquia kafkiana, pues en ella, hasta lo inventado reluce una base real. En cualquier caso “esto no es una biografía de Kafka, sino una reflexión sobre cómo nos obsesionamos”, aclara el fotógrafo. Gómez construye esta reflexión en torno a dos historias, la de un moribundo Kafka, que se vuelca en un proyecto para plasmar sus sueños en imágenes, y la del autor del libro, contratado por una asociación secreta para gestionar estas fotografías inéditas desconocidas por el gran público.

En esta historia resulta esencial el poder determinante de la imagen; la cual emana cierta magia y misterio. Y sobre todo, tiene el fin de hacer avanzar la historia, la imagen tiene un poder transformador y evolutivo de las escenas de la vida de Kafka. Gómez ha conseguido que su libro dé un paso más allá y hace que imagen y texto no solo encajen sino que se complementen, que dialoguen. Aparecen, así, relatos testimoniales, memorias íntimas del autor, sueños y fragmentos de Kafka, dibujos, fotografías, conversaciones, criptas y mapas, cartas, cementerios y confesiones, tramas nazis y hasta descendientes del escritor checo que juegan al rugby en España. Y casi todo es verdad.

Ahondando más en la ficción, Gómez añade una ficción científica a la figura de Kafka que es la plasmación de sueños en imágenes, una tecnología que consiste en someterse a un proceso de capturación de sueños por el doctor Robert Klopstock. En el invierno de 1924, Kafka se somete a ese tratamiento aun estando enfermo de tuberculosis y privado del habla. Agonizante emprende un intento de trasladar a imágenes su universo mental, como alternativa a las limitaciones que había tenido al intentar trasladar su propio universo a la literatura. Esto ocurre en una época en la que el ser humano creyó que su poder no tenía límites.

En la historia de la vida de Kafka, se incide en la idea que desde muy pequeño tuvo un vínculo con la fotografía gracias a su amigo de infancia Milan Klempfner cuyo padre tenía un estudio de fotografía en Praga. De esta forma, se busca introducir de manera efectiva fotos del pasado que tienen que ver con la infancia y la familia del escritor polaco. Y que, desde el principio, nos centremos en las fotos para que podamos crear imágenes realistas de la historia que se cuenta. Esta narración fotográfica implica una fusión de la vida del propio Gómez y de la figura de Kafka, en la que por momentos confluyen de forma alarmante. Ambos intentan reconocerse a sí mismos mediante la escritura: Gómez escribe un diario de su viaje a Praga cuando va a trabajar a la Kafka Society, mientras que Kafka busca mediante sus letras darse a sí mismo una explicación sobre el sinsentido de su vida.

Una curiosidad de las imágenes presentes en el libro es que se trata de fotografías reales de la época de Kafka y otras imágenes que han sido sacadas por Gómez con una cámara antigua de la época. Gómez, en su escritura muestra cierta obsesión por la figura de Kafka ya que quiere saber cada vez más y más sobre él. Continúa sin cansarse en su infatigable búsqueda hacia una pista más. Hay que tener en cuenta que no solo se ha limitado a documentarse, también ha ejercido como fotógrafo creando montajes fotográficos en los que elabora fotos con ambientes que representan los sueños de Kafka, son las “placas fotográficas” de la capturación de sueños.

Una última curiosidad es que cuando se le pregunta sobre una influencia a Paco Gómez, suele mostrar un viejo libro de Julio Verne. Gómez no se fija en la prosa ni en la fantasía de Verne, sino cómo este libro, pensando en un público adolescente, glosa su texto con imágenes de los protagonistas. “Normalmente, en los libros te imaginas al personaje según lo que vaya describiendo el autor, pero aquí no, lo tenías que compaginar con lo que veías en los dibujos”, afirma Gómez.

Por otra parte, Joan Fontcuberta en su libro La furia de las imágenes hace mención a que a finales del siglo XIX estaba muy extendida la creencia popular de que la retina de un muerto conservaba la imagen percibida en el momento de expirar. A esas imágenes se las llamó optogramas. Esas imágenes efímeras, que daban cuenta de la última visión del muerto, y la posibilidad de emplear ese método para desenmascarar asesinos solo conocidos por la víctima inspiraron la fantasía de no pocos escritores de la época: el más conocido de ellos Julio Verne, que en su novela Los hermanos Kip colocaba al optograma en el centro de la trama argumental.  Y como relata Gómez en Proyecto K, el doctor Robert Klopstock extrae los sueños de Kafka durante su lecho de muerte. ¿Será que Gómez se inspiró en ese libro para crear esta historia ficticia?

En conclusión, Proyecto K es una obra narrativa fotográfica que arriesga, que se hace preguntas y que experimenta sobre sí misma. En ella la lectura simple no existe, se intuye que el tema principal es la fotografía, que por momentos se aleja de la realidad incidiendo en que hay que saber mirar mucho más allá. Y es el texto que complementa las imágenes el que hace un gran trabajo para que todo el material visual adquiera un sentido cronológico, estético y, hasta cierto punto, histórico.

¿Quién dijo que los libros de “adultos” no pudieran tener imágenes para entender mejor la historia? La imagen siempre jugará un papel fundamental en toda historia que se quiera verificar o dar a conocer. Y eso, Gómez lo sabe de sobra; y con Proyecto K, lo que desea es resucitar imágenes pasadas, no quiere que las fotografías del pasado mueran. Por esa razón, escribe esta historia donde las fotografías se salven y puedan gozar de una vida más larga y feliz donde su único propósito sea ahondar en una de las mentes más insondables e interesantes del siglo XX.

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