POR FAVOR, PERDÓN, GRACIAS

Tres palabras que con ser pronunciadas pueden marcar una gran diferencia; y que sin darnos cuenta tienen el poder de hacer sentir a uno mejor: a quien las dice y a quien las escucha.

Recuerdo un día en el autobús camino a la universidad que estaba sentada en un asiento amplío (de esos en los que caben dos personas), cuando un matrimonio de señores mayores me dijo: “¡Chica! Este asiento está reservado para mayores y discapacitados, ¿eh?”. Me sobresalté ante lo que me dijeron, no les dije nada y les cedí directamente mi asiento. Aunque algo molesta por la forma en la que me lo habían “pedido”. Lo peor de todo es que no hubo ni un simple “gracias”.

Cuando les dejé mi sitio no me dio tiempo a reaccionar, me habría gustado decirles que no son formas de “pedir” permiso. Además que no me había dado cuenta de su presencia, porque de costumbre suelo ceder mi asiento a todo aquel que lo necesite (o parezca necesitarlo). No. Esta vez estaba despistada, algo también muy habitual en mí.

Antes de que me diera cuenta ya me había ganado el título de “malcriada de turno”. Nunca entenderé como hay gente tan egocéntrica que desde el momento que entran en un sitio (en este caso, por su condición como mayores) ya den por supuesto que les vas a tener en cuenta para cederles tu asiento. Y, si no lo haces, ya te etiqueten de “maleducado/a” cuando simplemente estabas a tu aire. ¿A dónde fueron a parar los buenos modales? Da pena que ahora se extienda una “epidemia de descortesía” o peor aún, la falta de respeto hacia el otro. Parece que solo se tiene boca para quejarse y reclamar, en lugar de pedir las cosas con educación.

Otro caso también ocurrido en el autobús: cuando alguien sentado a tu lado en la parte de la ventanilla necesita pedirte permiso para que le dejes salir. Y que, para lograr su objetivo te quede mirando o te diga: “¿Me dejas?” con acento amargo. En el caso de quedarte mirando, actúas por reacción e incomodidad de que el/la muy petardo/a te clave los ojos y no sepa utilizar su boca para pedirte permiso; y en otro caso de pedírtelo amargamente, no te queda más remedio que acatar aunque en tus interiores sepas que ahí faltaba un “por favor”. Para tu mala suerte mientras sale de su sitio te da un buen pisotón o un bolsazo en toda la cara. Te muerdes el labio del dolor. Se abre la puerta de salida y no ha habido ni un “perdón” ni un “gracias”.

El momento de subir al bus es cuando mejor me lo paso. Y todavía más si hay señores/as mayores esperando conmigo. Cuando a lo lejos el bus se acerca a la parada es cuando todos planean la mejor estrategia para subir los primeros. Lo tienen todo calibrado, al menor movimiento que hagas ya es una señal de amenaza. Alguna vez hubo una señora que me empujó con su bolso y casi me caigo. Y le dije: “Tranquila, que todos vamos a subir. Nadie se va a quedar fuera”. Que a gusto me quedé…

Hasta ahora me he enfocado en la situación “autobús público”; porque lo creáis o no, ese lugar da mucho de sí. Sobre todo, para poder contar anécdotas de este tipo y darnos cuenta de la panda de borregos que estamos hechos. Y es que así somos. Parece correcto ahorrarse palabras y gastar esa energía en otras cosas que únicamente suponen perder el tiempo. Cuando seriamente deberíamos conceder más importancia a las buenas formas y el respeto a quienes comparten un espacio con nosotros.

Un ejemplo a seguir en la buena educación sería Reino Unido que se encuentra en el séptimo lugar de los 10 países más educados del mundo. Para pedir la cuenta en un restaurante en Londres no se diría: “The bill, please” (la cuenta, por favor) ya que suena como una orden, por mucho que lo pidas por favor. Lo correcto sería decir: “Can I have the bill, please?” Solo con estas seis palabras y con una sonrisa quedas excelente ante el camarero.

Una cuadrilla española en el extranjero no es muy difícil de identificar. No será la primera vez que oigáis: “los españoles son muy brutos al hablar”. Es típico del español llamar la atención en todo país que no sea el suyo propio.  Y no sorprende que nuestros vecinos europeos se asombren de nuestro basto acento y falta de cortesía cuando los visitamos. España aunque parezca un país “desarrollado”, digno de ser visitado por su buen tiempo, fiesta y comida. Sufre un subdesarrollo en la cortesía al hablar y se gana la medalla de oro en la mala educación.

En países como Canadá, Japón, Estados Unidos, Finlandia, Israel, etc. la educación marca la diferencia. Ser respetuoso y cortés es la mejor virtud para mostrarse de cara a los demás. Parece que, para los españoles eso perdió valor hace tiempo. Pero… ¿por qué? No cuesta nada abrir la boca para pedir la cuenta “por favor”, regalar una sonrisa con un “gracias” y cuando le das un pisotón a alguien disculparse con un “perdón”. Como dicen por ahí, la educación y las buenas maneras no pelean con nadie. Pero en ocasiones, parece que muchos están constantemente a la defensiva, se creen los dueños del lugar y se dedican a incomodar a la gente.

Hay excepciones (como en todo) y todavía creo en las personas que saben decir “por favor”, “perdón” y “gracias”. A uno puede que le toquen vivir días mejores o peores, pero ante todo siempre hay que saber guardar las formas y procurar mantener estas tres valiosas expresiones en nuestro vocabulario para que mejore de alguna manera nuestra convivencia. De lo contrario, seguiremos siendo eso… borregos.

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