Sobre mí

En alguna ocasión, he tenido el absurdo deseo de ser otra persona para poder verme con otros ojos desde fuera. O de tener a mi alcance una película sobre mi vida, verla con detenimiento y averiguar en qué puedo mejorar: identificar mis flaquezas y mis fortalezas pero sobre todo, reconocer aquello que me hace buena y diferente a los demás. Es tan fácil autocriticarse y tan costoso ver la virtud en uno mismo…

Disculpar si me enrollo, no sé por dónde empezar…

Me llamo Talía, aunque los que recién me conocen suelen llamarme Natalia, Tania y alguno más torpe Italia. Con lo bonito que es Talía (origen griego: ‘‘La que es fecunda y brota con esplendor’’) y me lo desbarajustan con letras de más. Pero bueno, cuando tu nombre es poco común al final te acabas acostumbrando.

Me considero alguien alegre, tolerante, altruista, curiosa y creativa. Las personas que se han ganado mi confianza saben que soy muy cariñosa y una adicta a los abrazos. Me gusta pasar el tiempo a solas pero también disfruto mucho en compañía de otros. Soy muy amiga de mis amigos y me gusta hacer sentir bien a los demás. Soy una romanticona y vivo en un mundo de rosa. En definitiva, una soñadora.

Nací en Pamplona (España) pero mis padres son peruanos. Desde siempre he sentido una fuerte atracción por la cultura peruana y en el colegio solía hacer murales sobre Perú y la historia del imperio inca. Me considero una persona desarraigada, no siento que pertenezca a ningún sitio: ni a España ni a Perú, porque pienso que cada lugar tiene su encanto especial que lo hace diferente. Ninguno supera al otro, cada uno destaca a su manera.

Como he demostrado al principio, enrollarme y hacerme preguntas es algo en lo que soy experta. Soy un alma pensante. No sé si es bueno ser así, al final pensar en exceso es perjudicial ya que no disfrutas del presente y te carcomes la conciencia todo el rato. Pero me encanta ser así.

De hoy en adelante, esta será mi humilde morada en la que mostraré todo lo que pasa por mi cabeza. Escribir es una de las pocas cosas que me hace sentir realizada y satisfecha.

Escribo para navegar en mi mar de pensamientos y sacar a la superficie solo aquello que sea digno de dar a conocer. Escribo para añorar a esa ‘‘yo’’ del pasado, que vivía sin ser consciente de que estaba viviendo, cuya única preocupación era disfrutar lo más posible. Escribo para valorar los momentos pasados y añorar lo feliz que era cuando los viví. Escribo para resucitar a esa niña que llevo dentro: inocente e ilusa que dejé extraviada en algún rincón caótico de mi mente. Escribo para revivir los recuerdos, impregnarme en las pieles y abrazar las almas de aquellos que se marcharon de mi vida para no volver, pero que supieron enseñarme grandes lecciones. Escribo para atrapar en mis letras y en el tiempo a esas personas que merecen ser infinitas en lo que me queda de vida.

Escribir me rompe, me duele, me cura, me enseña, me calma. Escribir me hace ser yo misma, y tengo la suerte de haberme dado cuenta de ello ya que es cierto que uno de los mayores placeres que existen es vivirse conforme a lo que uno es.

Creo que he escrito bastante por hoy, el resto lo irás descubriendo si me sigues leyendo. Será todo un placer tenerte por aquí. ¡Bienvenid@!

Por cierto, esta soy yo.

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